Review: Welcome to the NHK! (2002)

(Alerta de spoilers)

 

Welcome to NHK!

Tatsuhiro Satou es un hikikomori. (Hikikomori: jóvenes que se recluyen de la sociedad). Él cree que todo el mundo está en su contra. Al principio le parece una mera coincidencia; sin embargo, poco a poco su mente va descubriendo el motivo de tales infortunios: una conspiración! Él  es uno de los pocos que sabe sobre la farsa de este mundo (más adelante sabremos que esta idea fue sembrada por su sempai durante la preparatoria). Debemos decir que ella representa un interés amoroso y el pasado de nuestro protagonista.

Las instancias psíquicas de su mente parecen acompañarle y asegurarle que justamente es así. Él se ha convencido de ello y su habitación parece impedir que sea una victima de la conspiración. Un refugio que lo oculta de las miradas del mundo que parecen estar atentos a sus movimientos.

Satou se siente como en un panóptico. (panóptico: utopía arquitectónica donde los individuos no pueden dar cuenta de que son observados. Ejemplo: la prisión). Solo que él se ha dado cuenta de esos observadores que no pueden ser observados! Sin embargo, no es feliz siendo Hikikomori puesto que no es suficiente. De todas maneras, se siente víctima de la conspiración: necesidades económicas. Por eso, necesita trabajar y para ello debe salir al exterior, para hacer las pases con la sociedad.

Puru Puru Pururin, esa canción que se escucha desde el cuarto de al lado, lo atormenta. Quiere reclamar al vecino pero no se atreve. Pero, grande será su sorpresa al saber que se trata nada menos de Yamazaki (el otaku), uno de sus compañeros de preparatoria que una vez Satou defendió de unos abusivos (solo para impresionar a su sempai). Este personaje plantea , en mayor intensidad que el resto, el dilema moral y familiar: independizarse de los padres, negarse a seguir un futuro que no desea.  Yamazaki es el amigo lolicon que se empeñará -junto con Satou- en crear el mejor juego erótico de todos.

Por ese entonces, Satou también conoce a Misaki. Una jovencita de aproximadamente 18 años que se empeña en ayudarlo a superar la etapa de hikikomori. Así ya vemos formado el trío que nos acompañará el resto de esta historia. Un seinen que muestra las diversas identidades que se sienten excluidas de una sociedad cada vez más competente. Más allá del humor y las referencias a ciertos animes y cultura popular, es interesante el fondo psicológico que construye el autor en sus personajes, aunque no se trata solo de un puro psicologismo (es decir el individuo patético que solo se refugia en sus pensamientos). Tatsuhiko Takimoto, nuestro autor, explora ciertos fenómenos sociales tales como las sectas religiosas o las que acuerdan suicidios colectivos. Todo ello con un humor sugerente.

 

¿Ángel Misaki?

Uno de los grandes aciertos en esta historia es no santificar a nadie. Es decir, que todos los personajes presentan errores, frustraciones, deseos y eso ocurre efectivamente con el personaje de Misaki, quien aparentemente se muestra como el ángel salvador (incluso ella misma se llama así) pero lo más seguro, si vale el término, es que ella esté más loca que el resto. Este adjetivo no lo empleamos en un modo despectivo ya que es utilizado solo para referirnos a esa compleja identidad psicológica que tiene nuestro personaje. Aunque la psiquiatría lo denomine como desorden de personalidad, nosotros en un sentido positivo, vemos a Misaki como el personaje más importante porque en toda su locura logra desobedecer las reglas del juego social, aunque claro que tiene sus desaciertos.

Misaki y Satou, como puede predecir el lector del manga, llegan a tener sentimientos en común. Ambas personalidades parecen congeniar bien, y no nos referimos a que siempre existe paz en su relación: los conflictos incluso se tornan positivos!  Pese a que en su relación se cumple el lema los opuestos se atraen, siento que no debemos quedarnos con una personalidad fija en cada uno de ellos, sobretodo Mizaki que tiende a cambiar su comportamiento dándonos muchas sorpresas. Lo mismo para Satou, quien logra por sus propios recursos hacer las pases con la sociedad.

Esta historia no se trata de declararle la guerra a la sociedad o de hacer una revolución contra las reglas del juego social. Se trata de aprender a jugar, a perder, a ganar y, sobretodo, aprender a desobedecer. Tampoco es una defensa contra las identidades excluidas, sino que uno debe replantearse una identidad (cambiar su ficha) para crear una estrategia de vida que no deje de ser desobediente (de romper las reglas en ciertos casos). Adaptarse a las circunstancias pero también ver las posibilidades de cambio.

 

Recomendado!

 

 

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Alexby
Redactor de noticias en el portal de noticias ANMO Sugoi. Amante de la cultura japonesa, anime, manga, videojuegos y las waifus..