En los últimos años, Shingeki no Kyojin ha enfrentado acusaciones de ser antisemita, debido a los paralelos narrativos con el nazismo y el holocausto, y de contener contener mensajes fascistas, derivado a que Isayama basó uno de sus personajes en el general Akiyama del Ejército Imperial Japonés. Sin embargo, el simple hecho de retratar estos temas no es razón para catalogar al autor como un promotor de la ideología fascista. La obra por medio de su gran narrativa profundiza sobre estos problemas y nos muestra un mensaje que va en contra del fascismo y racismo.

La historia de Shingeki no Kyojin comienza con una sociedad en la que supuestamente toda la humanidad existe miserablemente dentro de los confines de tres grandes muros, con el mundo exterior aparentemente devastado por terribles titanes devoradores de hombres. Las similitudes con el nazismo son muy claras aquí. El notable teórico político y aborrecible nazi Carl Schmitt explicó el concepto de una sociedad fascista ideal como una que acepta la existencia de la desigualdad, el conflicto y el sufrimiento como algo inevitable, y en su lugar intenta desviar la atención de sus ciudadanos hacia un enemigo común para evitar conflictos civiles. Esta filosofía se ve de forma prominente dentro de la sociedad en Shingeki no Kyojin, donde su gobierno autoritario ha convencido a la gente de que su desgracia se debe a que los Titanes los oprimen, y utiliza esta narrativa para justificar la militarización de la sociedad.

Cómo el Shingeki no Kyojin critica al fascismo

Las similitudes entre el nazismo y Shingeki no Kyojin son muy claras. Sin embargo, la obra no glorifica al gobierno fascista que retrata, sino que lo rompe y expone sus defectos. En eventos posteriores, los protagonistas descubren que los Titanes que deambulan por el exterior no son en realidad monstruos, sino antiguos humanos que se transformaron en Titanes contra su voluntad y que ahora caminan sin sentido por la tierra en una pesadilla sin fin. Al igual que los nazis usaron falsa propaganda para convencer a la gente de que el pueblo judío era el enemigo de la sociedad alemana, el gobierno en Shingeki no Kyojin hizo algo similar, con los «enemigos» que resultando ser víctimas de un sistema fascista.

Con este secreto fuera, el gobierno inmediatamente considera a los exploradores – el grupo del que forman parte los personajes principales – como traidores, y ordena su arresto en un intento desesperado de mantener la verdad oculta al resto de la sociedad. Por primera vez, los protagonistas desvían su atención del enemigo falso, hacia los verdaderos opresores, los fascistas en el poder. Esto se insinuó en la primera temporada cuando Erwin le preguntó a Eren quién creía que era el verdadero enemigo.

Pronto se expuso que los nobles en el poder han impedido el progreso de la tecnología y la difusión de noticias, y han mentido al pueblo sobre los Titanes para costear sus lujosos y excesivos estilos de vida, con los militares revelados como los ejecutores de esta mentira. Hange anima a la empresa periodística a ignorar las órdenes del gobierno y a publicar en su lugar la verdad sobre su sociedad. Los nobles son expuestos como hombres codiciosos que no se preocupan por la humanidad sino por ellos mismos. Historia, heredera de la noble familia Reiss, rechaza las ideas de su padre de que mantener el status es para mejorar la humanidad, en su lugar libera a Eren y elige el colapso de su gobierno fascista.

Cómo Shingeki no Kyojin critica el racismo Shingeki no Kyojin

Después de la caída del gobierno, la verdad del mundo en Shingeki no Kyojin es finalmente revelada: la humanidad aún existe fuera de los muros y odian a la raza Eldiana de la cual los protagonistas forman parte. Grisha, el padre de Eren, resulta ser un Eldiano del país de Marley, donde fue parte del grupo secreto de restauradores Eldianos. En la sociedad de Marley, los eldianos son retratados como el «enemigo» de la sociedad, con la mayoría de ellos viviendo dentro de este país como ciudadanos de segunda clase forzados a vivir en campos y usar brazaletes. Este es un claro paralelo con la forma en que se trató a los judíos durante el holocausto, aunque la historia de los eldianos también tiene paralelos con las historias de los japoneses, los norcoreanos y muchos otros grupos, por lo que no está escrita como una metáfora exacta.

Los marleyanos odian a los eldianos debido a la propaganda nacionalista que afirma que el antiguo Imperio Eldiano cometió muchas atrocidades contra los no eldianos, incluyendo a los marleyanos. Sin embargo, los Restauradores Eldianos creen que el Imperio Eldiano construyó grandes muros y puentes y que fue realmente bueno para la gente que conquistó. Los restauradores, incluyendo a Grisha, querían restablecer el Imperio Eldiano y obtener la libertad de los marleyanos. Cuando esta narrativa alternativa se revela a los Eldianos que estaban atrapados dentro de las murallas, una nueva facción fascista a la que los fans han llamado el «Jaegeristas» entra en existencia e inmediatamente toma el poder a través de un golpe de estado. Impulsados por el deseo de matar a sus «enemigos» y obtener la libertad para sí mismos, los Jaegeristas deciden cometer un genocidio global contra sus opresores.


Aquí es donde la historia niega la narrativa racista y xenófoba de ambos regímenes fascistas. Gabi, un eldiano, que cree vehementemente que los eldianos de dentro de los muros son «demonios», aunque es salvada por una chica eldiana que vive en los muros llamada Kaya. Kaya, sin saber que Gabi fue responsable de matar a su hermana adoptiva Sasha, le dice a Gabi que su madre fue asesinada sin motivo. Cuando Gabi dice que es debido a las atrocidades cometidas por el antiguo Imperio Eldiano, Kaya responde que ni ella ni su madre estaban allí cuando ocurrió y que no deberían ser responsables de las acciones de sus antepasados. Más tarde, cuando Kaya descubre que Gabi fue en realidad la asesina de Sasha, inicialmente se encuentra queriendo matar a Gabi, pero finalmente aprende a perdonarla después de darse cuenta de que el prejuicio de Gabi fue el resultado del adoctrinamiento sistemático del gobierno marleyano.

Gabi, tras darse cuenta de los defectos de sus irracionales creencias, decide en su lugar unirse a los protagonistas para luchar contra el mencionado prejuicio. Los protagonistas, ahora una improbable alianza de antiguos enemigos y aliados que saben muy bien que erradicar al «enemigo» no es nunca la solución, emprenden la hercúlea tarea de detener el genocidio que está siendo liderado por su propio amigo, el protagonista, ahora convertido en antagonista, Eren Yeager. Así es como Isayama establece argumentos fascistas, racistas o xenófobos y luego procede a contrarrestarlos a través de su altamente matizada narración.

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